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Harto de bucear en las cloacas de la educación pública

11/10/2015

Nómada docente ante un nuevo inicio de curso

 .
Son ya bastantes los años como profesor y no son pocos los centros por los que he ido transitando. Como el terreno abonado, siempre dando un generoso rendimiento, siempre cumpliendo con mi trabajo lo mejor que sé o que puedo, siempre dispuesto a aceptar lo que me adjudicaban y, al mismo tiempo, siempre aprendiendo algo nuevo allí donde me tocaba estar.

He tenido que ir bregando aquí y allá con pequeños problemillas, típicos conflictos con el alumnado con los que cualquier profesor se encuentra en el aula. Nunca he tenido problemas graves.

Hace poco que se ha iniciado el curso y me encuentro en una situación sumamente desalentadora y estresante. Mi trabajo se desarrolla en unas condiciones que propician que sea maltratado, vejado y despreciado. En primer lugar, me siento maltratado por la administración. En segundo lugar, vejado por mis propios alumnos. Y por último, despreciado por mis compañeros de trabajo.

Una administración que masifica a los alumnos, una administración que para ahorrar dinero despide a miles de docentes e incrementa el horario lectivo del resto profesorado, una administración que regala dinero público empresas privadas y mantienen los centros públicos bajo mínimos. Una administración que cuando cambia de manos es para seguir igual. ¡ Les importa un bledo en qué condiciones trabajamos y como están nuestros alumnos !

Alumnos con los que es imposible desarrollar una clase en un ambiente medianamente soportable. Alumnado complicado, repetidores en muchos casos, con problemas sociales y situaciones familiares dantescas en otros. Alumnado obligado a asistir a clase por ley, con un nulo interés por aprender lo que se les enseña, desmotivados, enfadados con medio mundo. Alumnos que te imaginan culpable de su situación y que en el aula descargan su ira contra el profesor al que notan algo inseguro por ser nuevo en el centro.

Compañeros cuya ayuda es nula, compañeros que consideran que el problema me afecta exclusivamente a mí y no al centro en su conjunto: “yo ya los padecí el curso pasado”. Compañeros que dejan todos los marrones para el último de la fila sin ningún tipo de disimulo, compañeros que no tienen ningún reparo en comentar delante de mí: “Yo me he quitado el marrón de encima y no quiero saber nada del tema”. Colegas que me privan de mi condición de compañero y me convierten en una persona profundamente humillada.

HARTO

Estoy harto de escuchar cómo me faltan al respeto.

Estoy harto de llegar a punto del colapso a casa.

Estoy harto de ocuparme de  todos los marrones de los centros en que trabajo.

Estoy harto de pasar frío en invierno, de pasar calor en verano.

Estoy harto de la falta de medios, de las clases de más de treinta alumnos y de sentir que nadie me escucha mientras hablo.

Estoy harto de rellenar partes que no sirven para nada.

Estoy harto de que mi dedicación y mis servicios prestados durante años no se valoren y se desprecien.

Estoy harto de los dolores de garganta.

Estoy harto de hacer de policía, de hacer de psicólogo, asistente social y hombre de la limpieza.

Estoy harto de escuchar a los compañeros: «Fulanito a mí me trabaja».

Estoy harto de que no me hagan caso los alumnos, ni nadie.

Estoy harto del inglés y del chino mandarín.

Estoy harto de oposiciones que niegan el reconocimiento del trabajo realizado, no evalúan la dedicación y privan del derecho a poder mantener el trabajo de una manera justa y razonable.

Estoy harto de escuchar que los profesores no trabajamos.

Estoy harto de los consejos de muchos pedagogos, que no han entrado en un aula jamás.

Estoy harto de los políticos que utilizan el descrédito permanente del profesorado en los medios de comunicación.

Estoy harto de vivir con la angustia de saber si la persona a la que estoy sustituyendo se reincorporará pronto, o de no saber si al año que viene trabajaré.

Estoy harto de competencias, de objetivos, de criterios y de papeleos absurdos.

Estoy harto de estar siempre volviendo a empezar, de que quieran tener en cuenta solo la nota de un examen y de que pretendan que la experiencia, lograda con gran esfuerzo y sacrificio, no sirva para nada.

Estoy harto de leer noticias de agresiones a docentes, sin que nadie haga nada.

Estoy harto de tener que dar clase en unos barracones inmundos.

Estoy harto de regañar a los hijos, de regañar a los padres.

Estoy harto de directivas incompetentes que tienen el puesto por los puntos o para escurrir el bulto.

Estoy harto de ver alumnos promocionar, sin aprobar ni el recreo.

Estoy harto de temer por la chapa de mi coche.

Estoy harto de ir dando tumbos de aquí para allá, de ser nuevo y de  tener que adaptarme a otro centro.

Estoy harto de tener como compañera de departamento a una niñata pija estresada que ha aprobado la oposición  pero es insoportable e incompetente.

Estoy harto de poner notas que no sirven de nada.

Estoy harto de levantarme de noche, de comer a las cuatro de la tarde.

Estoy harto de estudiar Inglés, de preparar las clases, de corregir exámenes.

Estoy harto de ver papeles por el suelo, de escuchar gritos en los cambios de clase, de la Ley del Menor.

Estoy harto de la falta de corporativismo.

Estoy harto de hacer 200 Km. al día para ir y volver del trabajo.

Estoy harto de Ítaca, de LLiurex y de las evaluaciones cero que terminan a las 9 de la noche.

Estoy harto de no ser ni tener autoridad, de que lo rompan todo.

Estoy harto de no poder dar clases, de que los contenidos sean una anécdota.

Estoy harto de tener siempre el peor horario, de tener clase a última hora.

Estoy harto de las programaciones y unidades didácticas, e informes infumables.

Estoy harto de colocar unos en vez de ceros.

Estoy harto de que algunos breguemos como mulos y otros más chulos se escaqueen

Estoy harto de solucionar robos de teléfonos móviles y de estuches.

Estoy harto de que todo el mundo le eche la culpa de todo a la educación.

Estoy harto de los funcionarios con plaza que son racistas con los interinos.

Estoy harto de absolutamente todos los políticos, de las leyes de Educación, reformas y contrarreformas.

Estoy harto de los cursos de Inglés de paripé.

Estoy harto las bibliotecas sin libros, y de las aulas de informática con ordenadores obsoletos.

Estoy harto de que me endosen esa tutoría que nadie quiere.

Estoy harto de ser tan burro, de seguir empeñandome en esforzarme en enseñar lo mejor posible a pesar de las trabas que me ponen.

Estoy harto de que aunque hayamos cambiado de gobierno todo siga exactamente igual.

Complejo

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